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Adiós a las armas

Ricardo J. Lombardo

El Partido Colorado festejó el triunfo de la coalición multicolor que integró en el ballotage y trató de disimular que la votación de octubre se constituyó en la segunda peor de su larga historia.

Algunos celebraron el retorno a puestos de gobierno y con ello la posibilidad de ocupar cargos en la administración.

Otros se congraciaron con que Julio María Sanguinetti ocupara por tercera vez la Secretaría General del Partido, como parte de su extendida militancia que lo llevó entre otras cosas a la presidencia de la república en dos oportunidades.

He preferido no opinar sobre la interna colorada en los últimos meses, porque no quise agregar ningún factor que pusiera en riesgo su desempeño tanto en las internas como en la primera vuelta de octubre.

Tampoco quise que nadie creyera que en mi pensamiento hay un dejo de resentimiento respecto a una militancia que abracé hasta hace 20 años en que decidí irme para mi casa por serias discrepancias por la conducción que en aquel momento lideraban Sanguinetti y Jorge Batlle.
Pero hoy la voy a hacer. No tiene sentido que en esta columna opine sobre tirios y troyanos, sobre el Frente Amplio, sobre Cabildo Abierto, etc,, pero deje de lado nada menos que al partido en el cual milité tanto tiempo.

Creo que viejo partido de la Defensa es muy difícil que se reconstruya con esta forma de hacer política. Algunos celebran como de gran habilidad el hecho de estar al lado del poder y reclamar cargos. Otros lamentamos que la militancia se reduzca a eso y nada más que a eso.

Yo ya estoy retirado, y nada de lo que diga debe interpretarse como una forma de autoproponer un esfuerzo que no estoy dispuesto a hacer.

Pero el Partido Colorado no puede seguir con los anacronismos políticos que hace gala.

Uno ve una generación de jóvenes entusiastas que ocupan la diputación o cargos en el comité ejecutivo departamental que, si no logran levantar las miras, quedarán condenados a seguir dando vuelta en el círculo vicioso de un partido que parece irse desvaneciendo.

Para revertir este proceso, se necesita visión.

Esa que los colorados tuvieron durante buena parte de la historia y les permitió formar el partido que más años gobernó el país desde su fundación en 1836.

Una visión que tome en cuenta los nuevos tiempos, las nuevas realidades de la sociedad, de las comunicaciones, de las tecnologías, de las organizaciones familiares, de las rupturistas formas de la economía, de la participación de todos en sus resultados, y del nuevo mapa geopolítico mundial.

No se pueden seguir haciendo las mismas cosas que en la época de la guerra fría, ni pensando en esquemas maniqueos que nos sumerjan otra vez, en una noria interminable de enfrentamientos entre uruguayos.

Tampoco se puede seguir concibiendo a la vida política como la intermediación que existía en tiempos en que la gente no accedía con la inmediatez que lo hace ahora a la información y a la interpretación de los fenómenos de interés colectivo.

La era de los clientelismos, el tráfico de influencias, la falta de transparencia, deben quedar atrás por la fuerza de los hechos.

Es tiempo de una nueva política. Que recupere la credibilidad de la gente en sus dirigentes, sin necesidad de polarizar las opciones para diferenciarse, frente a alternativas que todos sabemos que son muy pocas.

Para eso es necesario que el Partido Colorado abandone el absurdo triunfalismo y dejar de disimular el fracaso.

Ojalá, entre los jóvenes entusiastas que ocupan lugares relevantes hoy, surja una nueva generación capaz de romper con los vicios del pasado y lanzarse al porvenir.

Mi generación lo intentó, pero no lo logró.

Ernest Hemingway escribió Farewell to Arms, (Adiós a las Armas) un relato bélico tan crudo y cruel, que sirvió como alegato para quitarle todo el romanticismos con que se vendían al imaginario colectivo esos enfrentamientos tan impactantes que marcaron el siglo XX, y que se tomara consciencia de que la humanidad no debía volver a sumergirse en semejante infierno.

El Partido Colorado está necesitando eso. Un crudo relato de cómo y por qué el principal partido político del país, sigue enredado en esta telaraña de mediocridad que estuvo a punto de ubicarlo en cuarto lugar superado por una organización electoral que tenía apenas 6 meses de formada.

Ojalá los jóvenes valores tengan la suficiente visión y estén a tiempo de hacerlo.

 

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