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Algo más que bardas

José Gómez Lagos

Más que las bardas, es nada menos que el Amazonas que arde una vez más, en un proceso continuo de quema de la selva tropical más grande del mundo. En agosto se han intensificado los colosales incendios, en puja por más tierra para pastorear o cultivar y en detrimento de un extenso e imprescindible hábitat de fauna y flora. Las consecuencias no resultan impredecibles, vendrán inevitablemente con descenso de lluvias, desertificación, inundaciones.

Tal panorama natural por el lado principalmente  brasileño, se presenta similar desde el lado argentino. El país hermano arde por las urgencias financieras, el desequilibrio fiscal, la inexistencia de estabilidad económica y la inevitable  agitación política. Pero en realidad, la Argentina se incendia desde hace largas décadas, generación tras generación, en las llamas de la hiperinflación, corridas bancarias, devaluaciones, default, corrupción, debilidad  institucional. Un país dotado de los mejores recursos, pero que no logra reencontrarse con el camino que lo conduzca a su mejor destino.

Entre ambos, el fantástico Uruguay, necesariamente destinado a no dejarse arrastrar por los históricos y fenomenales incendios de sus vecinos, aunque más de una vez nos consumimos en el mismo fuego. En la historia más reciente, entre vecinos inflacionarios fuimos los de mejor comportamiento, en períodos recesivos logramos mantener el crecimiento, entre quiebres y magullones institucionales conseguimos sostenernos sin claudicar. Pero en tiempo de bonanza nos alejamos de criterios mínimos de moderación y en lugar de reservar despilfarramos, de cumplir con las deudas las multiplicamos, de tener equilibrio generamos un colosal déficit fiscal, de reestructurar retrogradamos. Abandonamos progresivamente cuánto nos había convertido en un gran país, para dejarnos llevar por el jolgorio del vecindario y terminamos internacionalmente aislados, económicamente comprometidos, educacionalmente retrasados, asolados por una creciente inseguridad callejera, con problemas sociales por todas partes y un sistema productivo que comienza a crujir.

La democracia, cada poco tiempo ofrece una nueva oportunidad, El país ha querido que sea en primavera -la estación del renacimiento- y en ésta ocasión, el mismo día que celebra elecciones uno de nuestros vecinos. Si a la ciudadanía le pertenece el inalienable derecho de elegir la mejor opción, al Partido Colorado le corresponde una vez más, la inmensa responsabilidad de ofrecerla. No tiene nada de extraño. Nuestros focos ígneos aumentan, el oficialismo ya ha demostrado largamente que no está apto para una circunstancia de tal dimensión. Contrariamente, han sido los colorados los que han asumido exitosamente en los tiempos de grandes dificultades. Hoy como ayer, parece que la ocasión convoca otra vez.

 

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