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De adolescencias robadas, preguntas en clase, educación y diversidad

Juan Martín Sánchez

“De todas las cosas que nos negaron a los gays, la adolescencia es la más injusta” Bruno Bimbi.

” Por qué no hay parejas de chicos o de chicas en los pasillos”? , preguntaba uno de mis profes en el CeRP. Obvio que yo tenía clara la respuesta. Aunque no tuviera los insumos para poder responderla o la seguridad de hacerlo en público. Sin embargo, esa clase y esa pregunta han seguido rondando en mi cabeza desde entonces

Ya tengo 35 años, gran parte de mi existencia la he pasado dentro del sistema educativo y por ello me tomo el atrevimiento de hablar de lo que sé. Durante mi extenso pasar por la educación formal nunca hubo una clase en que se hablara de “nosotros”. Obvio que en primaria no, pero en secundaria solo recuerdo algo en la clase de sociología de 5th.

Cualquier gay que tenga mi edad o más, puede tener claro lo que es una adolescencia robada. Las incertidumbres, los miedos, la negación. Las burlas, que aunque no iban dirigidas a uno (porque para los otros, yo era heterosexual o asexuado), pero que esos insultos, burlas y comentarios se sienten en el cuerpo como una daga. Porque en el fondo uno es consciente de que también van dirigidos a uno.

El orden social nos asigna a los gay un lugar por medio del insulto y el acoso, antes de que seamos cocientes de que somos gay. Nos pone en un lugar simbólico de inferioridad. Como dice Didier Eribon, “en el principio fue la injuria”.

Mi generación fue formada en un sistema educativo fuertemente heteronormativo. Donde los modelos a trasmitir giraban en torno a la heterosexualidad (la norma). La diversidad sexual o bien era ocultada o bien podía ser objeto de burlas, chistes, insultos o cosas peores.

Esta realidad era palpable en los contenidos que nunca trataban de “nosotros”. Las pocas incursiones del sistema educativo en la sexualidad (caso de biología de tercero), giraban en torno a los aspectos biológicos de la reproducción y las ITS. Como si la sexualidad humana estuviera reducida a eso. En el plano vivencial era peor. Había que “ser muy macho” para ser gay en un centro de estudios hace unos años. Simplemente era algo de lo que no se podía hablar o vivenciar.

No culpo a mis compañeros, docentes de aquella época ni a las autoridades de los centros. Ni ellos, ni yo, éramos plenamente conscientes de cómo funcionan los mecanismos de opresión sobre las personas LGBT. No era un tema de mala voluntad, simplemente así operan las instituciones.

La heteronormatividad, esa compulsión a presuponer que existe una única sexualidad validad, una norma y que todos tenemos como destino llegar a esa norma, esa opresión sobre los gays se ha basado en su propia negación.

Las instituciones sociales y los espacios públicos, han estado por lo general vedados para la expresión de la diversidad sexual. Hasta hace unos años directamente eran “territorio enemigo”. Espacios donde expresar una sexualidad no heterocentrada era peligroso (en algunos lo siguen siendo).

La mayor parte de los prejuicios homofóbicos se sostienen en actitudes cotidianas. Están más presentes en lo no dicho, lo no expresado y no tanto en lo que se dice. Parten de lugares comunes, del sentido común homofóbico de nuestra sociedad, como dijera Carlos Muñoz.

La homofobia es un prejuicio, no es una fobia, es un prejuicio. Como lo son el antisemitismo o el racismo. Como ellos está construido socialmente y se difunde por medio de la cultura. Es un prejuicio que se arrastra de hace tiempo. Donde tanto las iglesias, como el Estado y la “ciencia” (Sí, entrecomillas), tienen mucha de la responsabilidad y es por tanto en el plano de las políticas culturales donde se lo debe combatir.

La responsabilidad del Estado es innegable. Tanto por acción, caso de países donde directamente la homosexualidad fue penalizada y las personas sufrieron persecución, como por omisión , el caso uruguayo.

En Uruguay la homosexualidad no estuvo nunca penalizada directamente. Lo que no quita que haya existido persecución. Es conocida la historia de la persecución policial, durante y después de la dictadura (Sí, después también). Ese hostigamiento era aplicado tanto a las personas trans que ejercían la prostitución, como contra los lugares de socialización gay (caso de boliches bailables).

La persecución directa del Estado fue, por supuesto la excepción, la norma fue la negación y la invisibilización. En su brillante “Historia de la Homosexualidad en la Argentina”, Osvaldo Bazán, plantea que una de las formas como ha funcionado la opresión de la homosexualidad, es su negación y ocultamiento. El carácter “nefando” de la homosexualidad. Aquello de lo “Que no se habla”, es lo que contribuido a mantener el prejuicio.

Nuestro sistema educativo no ha estado exento de esta realidad. Ha sido atravesado por la homofobia y la ha reproducido. Lo mismo pasa con otras instituciones públicas (el sistema de salud o las fuerzas represivas, por poner dos ejemplos). Ese concepto de neutralidad del Estado no se ha aplicado a la diversidad sexual. Tanto en Uruguay, como en todas partes, el Estado ha sido todo, menos neutral. Las instituciones públicas y entre ellas las educativas, han sido en general entornos hostiles a la diversidad sexual. Soy consciente de que se han dado cambios positivos, ahora me toca estar del “otro lado del mostrador” en los centros de estudio y veo que las cosas se están modificando. Pero aún resta mucho para que los centros sean lugares amigables.

Las voces que se oponen a la educación en diversidad sexual, aducen, que el Estado debe ser neutral y que no debe inculcar una “Ideología de género”. Esa presunción de que el Estado sea “neutral” y no eduque en un tema tan sensible, justamente cuando se está formando la personalidad de los chicos, suena a excusa irresponsable

Alguien piensa acaso, seriamente, que la identidad sexual de los gay se forma luego de los 18? La identidad sexual se forma mucho antes, hay adolescentes LGBT. Aunque se pretenda que nuestras adolescencia sean negadas, ocultadas e invisibles. Además, se desconoce que los alumnos, profesores, maestros, funcionarios, padres LGBT, también somos parte del sistema educativo. Por lo tanto ignorarlos, me parece irresponsable.

Quienes han sostenido esta idea, no han reparado en pensar, que el sistema educativo ya trasmite una ideología de género. Cuando yo aprendí lo que era una familia o una pareja, siempre eran parejas y familias heterosexuales. Siempre los contenidos vinculados a la sexualidad giraban en torno a la reproducción y los gametos. Como si fuera de eso no existiese sexualidad.

Detrás de estos planteos, “subyace y sobrevuela”, la intención de que el sistema educativo sea omiso, que no es lo mismo que neutral, porque nunca fue neutral. Nos impuso a los educandos LGBT una verdadera ideología de género, aquella que sostiene que la sexualidad humana está determinada por la biología y que su finalidad es la reproducción. Una concepción filosófica que hasta la podemos datar históricamente y que forma parte de ese “sentido común de los uruguayos”.

La ciencia ya dice que no somos enfermos (ya era hora!), la ley dice que somos iguales en derechos (ciertamente en el plano normativo lo somos). Entonces, cuál es el problema con que el sistema educativo aborde el tema? El Estado debe velar por los derechos de los ciudadanos. De todos sus ciudadanos. Incluyendo el de los gurises LGBT.

En lo personal no soy partidario de las guías, creo que la mejor forma de educar es por medio de la vivencia. Los contenidos se pueden abordar desde las asignaturas que tengan cosas para decir al respecto. Pero es por medio de la vivencia de la diversidad sexual que vamos a lograr llegar a una cultura que integre (Sí, que integre, ni más, ni menos).

Ese es el objetivo de la educación, educar no es impartir conocimiento, eso es instruir, educar es formar personas. Como les gusta decir a las autoridades de la educación, personas responsables, críticas y comprometidas. Formar personas implica lograr que desarrollen las actitudes para convivir entre otros, justamente entre quienes no son como ellos.

Somos iguales en derechos, entonces tenemos que ser iguales en el plano valorativo y en los espacios públicos. Necesitamos una educación que sea inclusiva, donde se respete y vivencia naturalmente la diversidad sexual. Así, la pregunta que nos hizo mi profe en el CeRP, dejará de tener sentido

 

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