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Decile NO a un cuarto gobierno del FA

César García Acosta

La posibilidad de un cuarto gobierno del Frente Amplio es real, pero que haya cambios no es menos cierto. ¿Cuántos electores se requieren para que caiga el partido de Gobierno?, es una incógnita que se despeja a medida que los estudios de opinión pública van avanzando rumbo al paquete de comicial que tendrá como antesala una elección interna, primaria en los partidos políticos, para llegar a su epicentro en las elecciones nacionales que seguramente darán paso a un reñido balotaje. Si algo resulta más o menos claro a estas alturas de la evolución política uruguaya, es que el próximo Gobierno será de coalición y que no habrá mayorías parlamentarias absolutas. En este contexto veinticinco mil almas pueden desnivelar la balanza política del país, por lo que llegar a ellas es una tarea a desarrollar en varios ámbitos. El instrumento medular de las promesas políticas durante los comicios, que es un factor eje a tener en cuenta, debe dejar en evidencia la dedicación política puesta a prueba en los debates internos, a  nivel de la gente al proponerle su aplicación, y la ineludible comprobación de su potencialidad en tanto instrumento político, cuando cada promesa, cada propuesta, cada base programática, sea puesta bajo la lupa de los hecho por un Gobierno en sus versiones anteriores. Es decir, que el Frente Amplio no escapará al cotejo entre lo hecho y lo prometido, siendo la herencia “maldita” en muchos casos, una pesada carga que puede dejar en el plano de la mentira prometer cuando no se cumplió ni con la propuesta de 1971 –cuando su creación- ni con lo pactado como promesa para sus res Gobiernos en curso.

Dice el documento titulado “Propuestas de Bases Programáticas 2020/2025” que se trata de una primera síntesis de ideas y propuestas casi compartibles de no ser por la incredulidad que genera no haber realizado ni el 20% de lo prometido durante 15 años y con viento de cola en una economía que durante la administración de José Mujica despilfarró un ingreso casi irreal producto del valor de los commodities y de una economía que dio a Uruguay la fantasía de una bonanza que terminó con ANCAP, la mayor empresa púbica del país, monopólica, en franca bancarrota por la ineficiencia de un Vicepresidente de la República que agobiado por las acusaciones de corrupción e ineficiente manejo de los fondos públicos, terminó renunciando anticipadamente desarticulando buena parte de un aparato político que soñaba con quedarse con una candidatura presidencial.

Y dice este documento frenteamplista cread bajo la coordinación de Ricardo Erlich, un ex Intendente de Montevideo que poco dejó en el imaginario político local. Como “Condiciones a preservar” enumera “la estabilidad macroeconómica y la credibilidad, de modo de preservar estos valiosos activos político-institucionales alcanzados. La sostenibilidad del financiamiento en el mediano y largo plazo de las políticas públicas previstas en el Programa del Frente Amplio. Los bajos niveles de inflación, así como evitar los desalineamientos del tipo de cambio real respecto de sus fundamentos, necesario para (i) el buen desempeño de la economía en general; (ii) favorecer el incremento de la competitividad; (iii) evitar el deterioro de los ingresos reales de la población”.

Sin mucha expresión de causa sostiene este documento que “la estabilidad del Sistema Financiero uruguayo –del cual el sistema público es parte fundamental-, promoviendo un desempeño saludable y seguro que le permita cumplir el rol que le corresponde en el financiamiento de la inversión”. Y da paso de lleno a “la negociación colectiva y los Consejos de Salarios, con el objetivo de atender al objetivo de empleo, mejorar las condiciones laborales y los ingresos reales de la población”.

Más adelante dicen las bases programáticas frenteamplistas que se trabajará para una “provisión de bienes públicos de calidad por parte del Estado con estrategias específicas que posibiliten el acceso diferencial en función de las inequidades existentes. El rol las empresas públicas como uno de los actores centrales en la estrategia de desarrollo y como proveedoras de bienes y servicios estratégicos de calidad. Objetivos programáticos: En esta sección se describen los instrumentos de política que permitirán avanzar hacia la consecución de los objetivos de política antes descritos. Si bien todos los instrumentos impactan en el conjunto de los objetivos, se presentan ordenados en función de aquellos a los que se encuentran más directamente vinculados a los efectos de simplificar la exposición. Debe enfatizarse, sin embargo, el carácter interconectado de objetivos e instrumentos. Crecimiento económico sustentable. La promoción de un crecimiento económico sostenido, es una condición necesaria para una mejora permanente de las condiciones de vida de la población. La sostenibilidad del crecimiento en el mediano y largo plazo requiere de políticas de transformación productiva, con una apuesta a un incremento de la productividad sistémica del país así como por la diversificación.”

De autocrítica nada. De PLUNA, el FONDES, de ANCAP, de la negativa incidencia social de emplear a las empresas públicas como parte medular del sistema tributario, o del mantenimiento de las políticas fiscales sobre el trabajo, se hace un fuerte silencio que debe alertarnos en la antesala de los comicios, para decirle NO con seguridad a un cuarto gobierno del Frente Amplio.

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