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El gigantesco agotamiento del partido de gobierno resulta casi ofensivo para el ciudadano medio

Washington Abdala

No hay día en que algún conflicto interno no aflore y sea mostrado en público como si el ciudadano tuviera que padecer semejante obscenidad y afrenta. No, eso no es transparencia, es simplemente falta de respeto por el buen hacer de la política, no entender que la seriedad se impone de manera dogmática cuando se es gobierno y que no se puede jugar a la tensión del poder delante de los que pagamos el sueldo de los funcionarios como si tuviéramos que ver y padecer semejante falta de respeto.

Justamente, los funcionarios dejaron de ser “servidores públicos” y se transformaron en ajedrecistas del poder, hábiles dribleadores y máquinas reproductoras de lo electoral. El vaticinio es uno solo: si siguen así serán desalojados de la toma de decisiones de manera mucho más aguda a lo que imaginan.

Digamos lo que está sucediendo: el gobierno tiene problemas de gestión y problemas políticos.

Los problemas de gestión se resumen en lo siguiente: gasta más de lo que le ingresa, semi-fundió alguna empresa pública como Ancap por lo que debe seguir presionando impositivamente para sostenerla, no logró hacer nada serio en materia educativa (excepto la computadora por niño del presidente) y tiene un nivel de violencia social que no sabe como detener. Si a eso se le suma la presión tributaria en las clases medias y la fragmentación social que no supo detener en lo fáctico (zonas rojas, narcos y asentamientos donde no ingresa el ciudadano de a pie) el cóctel está preparado para el desalojo. Se han apoderado de la máquina estatal y desde ella creen que podrán seguir, ya ni así es seguro. Y si algo le faltaba a la fiesta psicodélica que montó el Frente Amplio es la complicidad de mucho líder sindical que con solo aparecer en escena causa náuseas con su relato sesentista. La cena está servida.

Los problemas políticos son hijos de la ausencia de un liderazgo emergente claro. Al presidente ya no le sirven el café a la velocidad de hace un año. Lo tiene que pedir dos veces porque todos saben que ya no corta el bacalao. Astori es casi un zombi eterno en su pelea por el poder. Ni él cree en serio que tiene chance. Causa pena. Martinez, en el fondo, sospecha que lo quieren usar y está cansado de ser la “amante” que nunca le regalan el traje de novia y la llevan a la iglesia. Tampoco cree demasiado la milonga, y como sabe que no tiene rival en Montevideo porque los partidos tradicionales tienen una tara que les impide razonar bien (digamos que la última experiencia fue poco exitosa, tampoco hay que mentirse al respecto) pretenderá seguir un período más. Demasiado para perder.

Por su parte Mujica que era un soñador romántico ya sabemos lo que da: inercias, ausencia de relato, complicidad con los poderosos de turno, langa langa discursiva y nada en materia de una idea concreta que permita direccionar el país hacia algún lugar sólido. Tabaré, por lo menos, vive sus obsesiones contra el tabaco y creyó en Brechner para hacer algún aporte en educación tecnológica. Mujica fue la sociedad civil la que empujó las reformas, él solo las acompañó. En todo caso queda algo de la energía alternativa como legado, pero ni eso quedó bien armado dado los costos que tiene su apertura. En fin, nadie en la barra de gobierno con condiciones para suceder. Los gerontes agotados.

La propia idea que Murro, García, Bergara y mi tía abuela sean candidatos del partido de gobierno demuestra el grado de alienación que alimenta el poder. Ni que hablar de algunas damas del gobierno que se sienten Juana de Arco. No las menciono para que no me digan que discrimino y esas estupideces que se cometen cuando un hombre critica a una mujer. O sea, los delfines no llegan a la costa, solo son eso: delfines en sus propias mentes pero todos sabemos que ninguno tiene la estatura, la densidad y la garra como para incendiar Roma.

En estas estamos, hartos, aburridos de ver como se pelean, de ver como nos aumentan los impuestos para pagar sus ineficiencias, de verlos todos los santos días en la pantalla de televisión posando de servidores cuando son depredadores del poder. Resulta agotador, asfixiante y terriblemente deprimente.

En el fondo, como soy un liberal, creo que la culpa de todo esto es de los republicanos, de los humanistas, de los liberales que no supieron hacer lo correcto para que tanta ineficiencia no se prorrogara por los siglos de los siglos. No hay otra manera de ver las cosas, el otro nunca es culpable, uno es el responsable por acción u omisión de lo que sucede.

Eso hay que saberlo para no lloriquear y quejarse tanto.

Los que tengan ganas, fuerza y talento deberán luchar contra este flagelo que nos está asfixiando, los demás deberemos apoyarlos con espíritu generoso. Ahora si está patente el mamarracho que se vive.

Lo que está claro es que esta gente del gobierno ya no da más. No tienen una gota más de energía, talento o algo. Son la nada misma. Un horror caro y doloroso para la nación entera.450689

 

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