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El hombre que calculaba

Ricardo J. Lombardo

 

Hace pocos días Danilo Astori señaló públicamente que no descartaba la posibilidad de volver a postularse a la presidencia de la república.

El anuncio sorprendió, pues uno puede concluir que quien completará 15 años manejando la economía del país, ya debería estar para pasar a cuarteles de invierno.

Pero no. Anunció que tiene ganas.

Más de una vez me pregunté cómo juzgaría la historia a Danilo Astori. Un hombre indudablemente inteligente, excelente economista y, a pesar de que muchos de sus asesores tuvieron problemas con la justicia, sigo creyendo que él es, esencialmente, honesto.

Pero su postura política sí que ofrece dudas.

Al principio pareció que él era la persona sensata que evitaba que el gobierno del Frente Amplio cayera en una política económica al estilo de la que implantó el kirchnerismo en Argentina a través de su ex Ministro Axel Kicillof. Si hubiera sido por Olesker o Constanza Moreira, hoy estaríamos contando moneda por moneda para pagar las importaciones como ocurrió al final del gobierno de Cristina Fernández o como pasa en Venezuela hoy.

Astori, en cambio, dio continuidad al ordenamiento económico realizado por el gobierno de Jorge Batlle después de la crisis, y pareció ahuyentar las dudas que se cernían sobre la nueva administración respecto a su apertura al comercio, el respeto al derecho de propiedad y la conducta fiscal.

Más de una vez pensé para mis adentros: “a Astori habría que hacerle un monumento”, pues al haberse aferrado a las políticas de corto plazo heredadas del gobierno anterior, habían permitido que el país pudiera absorber la bonanza que vino del exterior en los años posteriores.

Lo contrario de lo que ocurrió en Argentina donde el exceso de manipulación de las variables económicas, terminó haciendo que el país cayera en recesión, una altísima inflación y un lamentable crecimiento en la cantidad de pobres (estas dos últimas variables nunca publicadas por las autoridades debido a los niveles casi impúdicos a los que habían llegado).

Pero también pensé para mis adentros, que Astori era el principal responsable de que un grupo de personas sin convicciones republicanas ni democráticas, hoy estuvieran sentadas en el parlamento, aprobando leyes y conduciendo el estado uruguayo.

En efecto, Astori pertenece al sector de herederos de Seregni, un hombre que aunque uno pueda haber discrepado con él, se mantuvo siempre en el marco de los mandatos republicanos. Pero ese sector, donde hay gente muy respetable y de convicciones democráticas, le suma votos a los sectores antirrepublicanos y antidemocráticos que hoy son mayoría en la coalición de izquierdas que gobierna.

En efecto, el MPP, el Partido Comunista, Casa Grande y la 711, tienen fundamentos reñidos con el ordenamiento republicano democrático que caracteriza a nuestro país. Si alguien tiene dudas, les invito a que lean el reciente reportaje realizado a Constanza Moreira donde proporciona una visión clasista de la Justicia y del necesario equilibrio de poderes de la república.
Así que Astori, que condujo la economía del país desde 2005, ya sea desde el Ministerio o de la Vicepresidencia, para sobrevivir, ha tenido que hacer concesiones en muchos casos nefastas, tolerando que el déficit fiscal llegue a niveles intolerables, admitiendo que las empresas públicas sean manejadas de la peor forma posible y desaprovechando oportunidades que habrían estimulado el comercio internacional como los TLC descartados, en particular el ofrecido por Estados Unidos.

Ha soportado los más grandes enfrentamientos internos, con pasmosa tranquilidad. Toleró una maniobra entre el MPP y el Partido Comunista para bloquearle su candidatura a la presidencia en 2010. Su mayor pecado entonces, siendo un hombre de origen republicano democrático, ha sido viabilizar el gobierno donde predominan el Partido Comunista, el MPP, y otros radicales, captando votos de centro izquierda que nada tienen que ver con las formulaciones antirrepublicanas de esos sectores.

Así que, en mi consciencia, le he construido un monumento a Astori y luego se lo he destruido, muchas veces. Las mismas en que he evaluado sus contradicciones.

¿Cómo lo juzgará la historia?

¿Como el hombre que calculaba o como la bisagra que hizo posible en el país el acceso al poder de personas sin convicciones democráticas ni republicanas?

El tiempo lo dirá.

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