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Excepcional testimonio de vigencia colorada

Julio Mª Sanguinetti
La elección de juventud colorada del sábado pasado es lo mejor que le ha pasado al histórico partido en estos dos últimos años posteriores a la elección nacional. Fue realmente emocionante ver lo que ocurrió en todo el país y el esfuerzo que en los últimos meses hicieron grupos de muchachos que, sin medios económicos , a fuerza de redes, charlas familiares y entusiasmo, le dieron a la colectividad un ánimo que no se veía desde hace tiempo.

No se puede ignorar que con la renuncia a la actividad del principal referente y candidato, las bajas encuestas de opinión pública, la indefinición de candidaturas y los escasos recursos, esta elección sonaba a “patriada” más que a un paso cierto. No obstante, desde el primer momento acompañamos personalmente el esfuerzo porque pensábamos que, cualquiera fuera su resultado final, iba a ser un factor movilizador. Felizmente, fue mucho más allá de lo esperado, no solo por los 30.000 votos sufragados sino por el espíritu con que se trabajó, sin el menor apoyo publicitario. No hubo avisos en radio, televisión o prensa, ni siquiera notas periodísticas informativas relevantes. Esto subraya el enorme valor de la jornada.

En la última elección de juventud había candidaturas definidas, una competencia nacional que se trasladó a ese ámbito, medió publicidad y, por lo tanto, sus 50 mil votos, mirados con la adecuada perspectiva, tienen menor significación política que el resultado actual.

El episodio demuestra las intactas posibilidades de crecimiento que tiene el Partido Colorado.

La apelación batllista se carga ahora no solo de su valor ideológico sino de una cierta emoción histórica, particularmente relevante en una colectividad de tal modo racional y racionalista que en tantas ocasiones se la ve alejada de todo lo que sea sentimiento. Cuando el país adolece del fracaso socialista, del abandono por el Frente Amplio de todas sus tradicionales eslóganes (por equivocados) y hasta la pérdida de su claridad de conducta, reaparece la mirada hacia ese Batllismo que fue la gran corriente transformadora de la República, el reducto del pensamiento social dentro de la generosa filosofía liberal.

La elección también muestra que donde existen estructuras organizadas, la convocatoria se fortalece. Es el caso de Rivera y Salto y, en su medida, de Tacuarembó y Canelones. Razón de más para pensar, entonces, que a dos años de la elección nacional, los núcleos que aquí estuvieron activos deben prepararse para actuar con organizaciones permanentes y estimular esos incipiente liderazgos jóvenes que juegan como una savia vital. Este último aspecto no es nada menor. En estos meses se ha apreciado una actuación destacada de valores jóvenes, algunos incluso con intervenciones públicas reveladoras de condiciones relevantes que, cultivadas apropiadamente, pueden generar rápidamente esa dirigencia renovada que anhelamos llene el espacio que vamos dejando la vieja generación.

Es muy importante que todos asumamos el éxito con serenidad y que nos preparemos para una competencia interna de calidades, sana y fraterna, inmunizados todos del sectarismo particularista que tanto daño hace.

Estamos, entonces, ante un episodio político importante. El mismo puede —y debe ser— el comienzo de una etapa profunda de renovación y militancia. Hay que transformar la alegría del sábado en un proyecto político capaz de cristalizar. Faltan dos años y el cambio lo pide la ciudadanía. Tanto lo pide que, de algún modo, es lo que los jóvenes uruguayos nos dijeron el otro día, como hace poco también lo hicieron los nacionalistas. La adecuada lectura de esos dos episodios impone, más que nunca, lograr que cuaje una propuesta opositora que, con los perfiles de cada partido, encarne la real alternativa a la mediocre presencia de un Frente Amplio vaciado de contenido, peronizado en su estilo y motivado solo por preservar el calor del poder.

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