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Indignante TENFIELD CONTRA LA INSTITUCIONALIDAD República bananera

Manuel Flores Silva

La emisión televisiva de Tenfield SA que cubrió el partido clásico Nacional-Peñarol tuvo una particularidad: en la ceremonia final de premiación el canal de la empresa evitó de todas formas enfocar en su pantalla al Presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), Pedro Bordaberry.
Censuró así públicamente a la figura del Presidente de la AUF y le confiscó el derecho al público que quisiera ver la ceremonia a observarla completa. Para los televidentes así engañados Bordaberry no participó de la ceremonia. Tenfield SA engrupió a un país entero como si nada cuando resolvió que la parte de realidad que a ella no le gustaba no debía existir para nadie en el mundo.

Es claro que el tema va más allá de quién sea Presidente de la AUF y deriva de la circunstancia de que Bordaberry -como los jugadores de la selección y la mutual de jugadores- desea el mejor contrato de televisión para el fútbol y ello no pasa por Tenfield SA.

La tarea censuradora no fue fácil pues el Presidente de la AUF entregaba personalmente las respectivas medallas a los jugadores ganadores así como el trofeo principal al equipo.
Pero se ve que la orden era tajante porque, con esfuerzo, el equipo de editores de Tenfield SA logró perpetrar la censura (aunque creemos haber visto por un nanosegundo la tercera parte de la nuca de Bordaberry).

Recurrieron a mostrar a los jugadores cuando otra autoridad les colgaba la medalla o a mostrar a los jugadores a los que el Presidente de la AUF sí les había colgado la medalla pero sólo una vez que se hubieran alejado suficientemente de él así como otros recursos similares de esta edición pedro-evitativa.

La proscripción mediática de Bordaberry quedó pues consumada por la resolución de Tenfield SA.
Luego es obvio que Tenfield SA no está calificada para trasmitir con el mínimo respeto institucional ningún espectáculo en el Uruguay. Episodios como éste lo demuestran. Por más enroscado que Paco Casal esté con el poder, ni porque le haya sido posible comprar lo más encumbrado de él.

El accionar de esa empresa claramente no responde a los deberes de un servicio público sino a la defensa de intereses opacos y a la manutención de privilegios espurios. A la construcción, en definitiva, de una realidad paralela no democrática y de un orden no republicano. Al mundo visto y concebido como una rutina de corrupciones sucesivas y secretas para someter a los ciudadanos a la voluntad de poderes fácticos manipuladores.

Lo hacen a la vista de todo el mundo con el desparpajo provocador de quienes creen que a ellos no les alcanzará jamás el control de la gente. Les tenemos una mala noticia: inexorablemente les alcanzará. Poderes capo-mafiosos mucho más fuertes han caído.

No es un tema deportivo. Atañe a la cultura política de un país y a sus valores. A la propia identidad de la nación.

 

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