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Intriga y religión Un cóctel fatal para el General

César García Acosta

maxresdefaultSe dice que para reconocer el camino hacia el futuro, hay que conocer la historia. El Comandante en Jefe del Ejército, el General Guido Manini Ríos, en ocasión del fin de año y en particular de la Navidad, decidió comunicarse institucionalmente con sus subalternos por Twiter mediante un video archivado en Youtube. Hasta ahí nada nuevo. Pero en ese contexto el General, sin ambages expresó: “les deseo a todos y a cada uno de los integrantes del Ejército Nacional una feliz navidad y que tengan presente, creyentes y no creyentes, el verdadero significado de estas fiestas, el recuerdo de aquél que vino al mundo con un mensaje de paz y cuya muerte en la cruz marcó un antes y un después en la historia de la humanidad.” A propósito de estos dichos, el profesor de historia Gustavo Toledo escribió en Facebook: “En cierta ocasión, allá por los años cincuenta, siendo Luis Batlle Berres presidente del Consejo Nacional de Gobierno, recibió la visita del entonces Inspector General del Ejército. A poco de conversar, el militar le hizo una serie de planteamientos amenazantes en nombre de las FFAA. A todo esto, Don Luis, lo escuchaba en silencio, hasta que le preguntó, simulando estar distraído: – General, ¿qué hora es? – Las cinco, presidente, respondió el uniformado. Luis Batlle se levantó y le tendió la mano, forzando la despedida. -Lo espero a las siete en punto. Ah, y venga con su renuncia firmada.” Manini Ríos no como militar, sino como ciudadano, no entendió el significado constitucional del Estado laico, lo que no significa otra cosa que se apartó del concepto de laico definido como “aquél que es independiente de toda confesión religiosa”, tal como lo consigna la etimología de la palabra.

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Pero para que el fondo del asunto, la sustancia de la filosofía manejada por el General Manini Ríos, no quede fuera de su contexto, por sus dichos y no como alimento para nuestras interpretaciones, el Comandante en Jefe del Ejército agregó: “En nuestra unidad radica nuestra principal fortaleza … Debemos sumar la incomprensión de muchos y la mala fe de algunos que buscan afectar nuestro espíritu y la unidad de la institución…”

Dicho esto comparto plenamente la afirmación del profesor Toledo: “Como en la anécdota que honra a Don Luis, acá no hay tu tía. O respeta la laicidad o se va para su casa. Y en este caso, los hechos hablan por sí solos. El Poder Ejecutivo tiene la palabra”, y el Presidente Tabaré Vázquez debería actuar, aunque más aún debería haber actuado el Parlamento, receso mediante, defendiendo como pilar de la República a la laicidad institucional.

Poner al Ejército por encima de otras prestaciones que se desarrollan desde el Estado, es la misma ilógica doctrina profesada antes de los años setenta. Y ha sido la misma que en muchas instancias presupuestales de otras épocas, hacían sonar las “botas” en señal de queja.

El comandante en jefe del Ejército estrenó mal su cuenta de Twitter, porque no compartió un saludo por las fiestas, sino que parcializó la visión institucional hacia una religión y la cargó de contenido al denunciar ataques malintencionados.

En el video, que se publicó en el canal de YouTube del Ejército, el general afirmó, además, que se cumplió “con todas las misiones asignadas, en forma eficaz y eficiente, alcanzando cada vez que hemos actuado el reconocimiento unánime de la población”.

Como ejemplo mencionó la colaboración con el Sistema Nacional de Emergencias (Sinae) en las inundaciones de junio, los incendios en Ciudad de la Costa de los últimos días y “en cualquier lugar y momento en los que fuimos convocados”.

También manifestó que “extendimos nuestra mano abierta a una sociedad que cada vez valora más a la fuerza de todos, la que está siempre presente”.

Olvida el General Manini Ríos que otros actores del Estado, a nivel nacional y subnacional, actúan con idéntica voluntad, aunque con sentido institucional, no intentando distinguir el sentido y objetivo de la institución a la que pertenecen, de la de ellos mismos. Es cierto que los militares cuidan las fronteras, actúan como fuerza auxiliar de las Naciones Unidas en el extranjero, o alimentan a la población durante inundaciones o eventos climáticos adversos. Pero advirtamos que eso no obsta a la obligación intrínseca de todo funcionario público, que es la prestar un servicio contra los honorarios o salario que se le pague como consecuencia de los impuestos que paga religiosamente la población. Los funcionarios municipales sepultan todos los días del año a nuestros muertos en los cementerios; los técnicos de Ute, en invierno o verano, bajo lluvia o sol, vigilan y reparan las líneas de electricidad que permiten canalizar la internet en la telefonía que tiene a cientos de personas trabajando en los feriados, al igual que enfermeros y médicos en los hospitales.

Cada uno en su función hace al país. Y no todos apelan al sentido religioso para entender el porqué de sus funciones.

Nada puede moverme en contra de la Navidad; es más, la profeso en mi ser interior como católico, pero reconozco que institucionalmente jamás debería pasar inadvertido la mezcla de los conceptos en quienes revisten cargos de jerarquía política o institucional, que sí les habilite saludarse y sentirse afín entre sus pares, pero creyente o no creyente, ante todo y más como funcionario del Estado, su rol laico debe ser inmaculado.

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