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La izquierda traicionada

Gustavo Toledo

En sus orígenes, la izquierda se opuso a las monarquías absolutas, a los privilegios derivados de la cuna, a los estamentos cerrados, al oscurantismo de las élites intelectuales y a la superstición religiosa. Su lucha se encaminó a la conquista de la libertad, la justicia social y la igualdad ante la ley. No en vano, quienes se oponían al statu quo y clamaban por una sociedad de iguales, no se sentaban a la “derecha” del rey sino a su “izquierda”. Eran los disidentes, los críticos, los incómodos. Los zurdos. Durante siglos, pelearon y murieron en aras de ese bello sueño. Con sentido de unidad y constancia, derribaron reinos, rompieron cadenas, abolieron injusticias y fundaron un nuevo orden social y político basado en pilares jurídicos y morales diametralmente opuestos a aquellos en los que se sustentaba el Antiguo Régimen: libertad, igualdad y fraternidad.

Hoy, quienes se proclaman de izquierda (algunos de ellos náufragos de la debacle marxista, otros simples oportunistas de feria), traicionando esa lucha secular y en especial la sangre derramada por esos revolucionarios sin nombre que ofrendaron sus vidas a una causa que ciertamente sabían que los trascendía, proclaman que hay ciudadanos intocables, personajes supuestamente inmaculados que no pueden ser cuestionados ni criticados, so pena de ser acusados quienes se atrevan a elevar su voz de atentar contra las instituciones, socavar la democracia o agraviar a la república. Así, desde la falacia y el engaño, disfrazándose de izquierda (es decir, traicionándola, mancillándola, negándola en los hechos) restituyen los privilegios de la casta (¡su casta!) y el imperio de la superstición y la mentira; consagran la impunidad de una izquierda “bienintencionada”, enarbolando la infalibilidad de los “luchadores sociales”, la bondad intrínseca de los “revolucionarios” de cama caliente, la “excepcionalidad” de los caudillos progresistas. Y todo esto, que nada tiene que ver con la izquierda, lo hacen en nombre de la izquierda, de la equidad social y de los más pobres…

No importa que mientan o roben. No importa que se lancen a los brazos de los poderes fácticos, hagan negocios con el “establishment” o disfruten sin el más mínimo pudor de los lujos de la vida burguesa. Importa que no se sepa que lo hacen, que el pobrerío siga viéndolos como impolutos, como parte de “los suyos”, que el disfraz siga dándoles rédito y las palabras, huecas de contenido, sigan sirviéndoles de carnada para pescar corazones cándidos y cabecitas bienpensantes. Importa que el engaño no se note, que a los títeres no se les vean los hilos y las estampitas de los Lula, los Mujica, los Kirchner y los Maduro, entre tantos otros, sigan vendiéndose a buen precio en la góndola de los saldos de izquierda, para negocio de unos y confort espiritual de otros.

Importa, en suma, que la traición no se note.

 

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