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La “izquierdita” de repuesto

Gustavo Toledo

Somos testigos privilegiados de un hecho único, la aparición de una nueva y fulgurante estrella en el firmamento político: Fernando Amado. Diputado reelecto con los votos del magurnismo, autor de varios best-sellers (entre ellos uno en contra del propio Magurno) y asiduo concurrente a los programas de Raquel Daruech, el otrora militante del Foro Batllista y ahora autoproclamado representante de la “izquierda batllista”, se transformó –gracias a su perfilismo constante y a la visita del pasado martes a Suárez y Reyes- en el virtual contrincante interno de… ¿Amorin? ¿Viera? ¿Sanguinetti? ¿Bordaberry? ¿El Chapulín Colorado?

Duele admitirlo, pero con un esnórquel y una palangana se puede armar flor de tormenta. En tiempos de sequía partidaria, con hacer un poco de olas y salpicar para los costados, parece que alcanza. (Éramos taaaan pobres…)

El sólo hecho de prestarle atención al encuentro entre Amado y El Doctor es un indicador de los tiempos que corren. Aun así, es necesario reparar en lo que este episodio encubre y simboliza. Veamos. Mientras para Amado el encuentro representó su consagración como “referente” (¿líder?) colorado, su ascensión al estrellato de figuras de cabotaje que aspiran a brillar con luces prestadas, para El Doctor constituyó, apenas, la oportunidad de sumar una figurita más a su álbum de “colorados buenos” (Rondán, Scavarelli, Toma, Borrelli, etc.), próceres incomprendidos de menos de mil votos dispuestos a fotografiarse cuantas veces El Doctor quiera con tal de ser tenidos en cuenta en eventuales repartos, que le otorgan además la ilusión de estar jugando a la “alta política”. Y, sobre todo, asegurarse el decisivo voto 50 que le permita aprobar un malhadado artículo del proyecto de Rendición de Cuentas que hasta más de uno de sus compañeros se apresta a votar con un palillo en la nariz.

Una pinturita.

Sólo la inocencia, o lisa y llanamente la ignorancia que exhiben algunos analistas de lectura precoz puede llevarlos a interpretar este “encuentro” como una demostración de fuerza por parte de El Doctor o como un nuevo indicio de que el Batllismo está “afincado” (Michellini dixit) en el Frente Amplio. Ni lo uno ni lo otro. Es más, si algo deja en evidencia este breve y mal hilvanado pase de comedia es la debilidad que ostenta El Doctor, quien, hoy, no está en condiciones de “invitar” ni si quiera a tomar un café con leche a ninguna figura de peso y menos aún a sacarse una foto con ningún legislador de su propia fuerza política con el propósito más o menos explícito de darle “visibilidad” o de legitimarlo como líder sectorial. Y no porque él no quiera sino porque no lo dejan. El Doctor está solo, confinado al círculo cada vez más estrecho que le dibuja y redibuja esa alianza de hierro que forman la Biología y el MPP, y sólo puede montar obritas de consumo rápido y bajo presupuesto como ésta.

Si como algunos batllistas esperan, el futuro del Partido Colorado está en manos del Amadismo, sepan que por ese camino no pasará de ser un puñado de extras de alquiler para fotos en álbumes ajenos y de brazos de yeso prestados.

Una “izquierdita” de repuesto, buena, bonita y barata.

 

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