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Las enormes falencias del Programa del FA para la educación superior 2020- 2025

Claudio Rama

El Programa del Frente Amplio para el periodo de Gobierno 2020 – 2025 y que durante varios años fue centro de un trabajo de múltiples equipos bajo la coordinación del Ex Ministro de Educación, Ricardo Ehrlich, nos muestra claramente la ausencia de nuevas ideas para el desarrollo de la educación superior y la falta de un enfoque para encarar una atención real a sus problemas centrales. El Plan constituye un recetario de visiones generales de más de lo mismo, insiste en proyectos sin apoyo, concibe que el mayor gasto es la solución, carece de un diagnóstico real de sus enormes problemas y falla en proponer respuestas a debilidades no resueltas durante todos estos años.

Como siempre el centro del programa es el aumento del presupuesto, y en este nuevo escenario plantea alcanzar el 6% del PIB dedicado a la educación pública, sin plantear incluso ni evaluación del gasto ni destinos especiales a los nuevos gastos propuestos. En lo atinente a educación superior el eje es la reafirmación de la educación como un derecho humano público y gratuito – sigue acarar el tema del cobro de los posgrados-, el implementar el cogobierno de las instituciones educativas en todos los niveles en todo el país, la generalización de la educación terciaria y a la vez profundizar en la descentralización en educación superior. Se promueve una profundización de la extensión universitaria y se plantea alcanzar una mejora significativa de la formación docente concretando el proyecto de creación de la “Universidad de la Educación”, enfatizando su carácter de autónoma y cogobernada que ha sido el proyecto que ha presentado el gobierno.

Hasta allí, nada nuevo. Se refiere adicionalmente y en forma muy general a la formación en tecnologías de la información, de garantizar el acceso a materiales de estudio y deexpandir los programas de tutorías entre pares. Cabe suponer que el tema de los materiales se asocie a algunas acciones que ya hemos visto violentar  los derechos de autor (¿?), y que las tutorías entre pares se limite a que los propios estudiantes se apoyen (¿?).

El Programa no va el centro de los problemas universitarios. No toma atención a enorme problema de las altas tasas de deserción y la bajísima eficiencia terminal de la educación superior pública; la ausencia de acceso de los sectores de menores ingresos y menos aún de egreso; la existencia de una enorme saturación de las aulas que dificulta enormemente los aprendizajes; la ausencia de información real de cuantos estudiantes existen que permita planificar los cursos; los bajos niveles de aprendizaje de la educación media que está haciendo remedial a la educación superior; la enorme carencia de cobertura en el interior del país; la alta centralización de los servicios universitarios en Montevideo; las limitaciones burocráticas e ideológicas a la expansión de la educación privada; la irracionalidad de mantener una sola universidad y de concebirla como el arquetipo para todas las instituciones del país y no integrar a los Colegios Profesionales y las Intendencias a la búsqueda de ampliar la cobertura con calidad y equidad.

La lista es larga e incluye como  problema la calidad con la politización de los nombramientos y el carácter endogámico de concursos y ascensos, la ausencia de un sistema de aseguramiento de la calidad con estándares comunes básicos de licenciamiento ágiles y externos para todos los programas de educación superior. Hoy existen estándares para UDELAR, distintos que para la ANEP, y distintos a la UTEC y también diferenciados de los de las privadas. En materia de estándares de educación superior Uruguay funciona bajo una dinámica feudal e incluso en la evaluación de los programas privados, hay un enfoque casuístico donde cada grupo de pares plantea sus propios enfoques sin ningún marco sistémico. Pero en materia de calidad el tema central es que se carece de una agencia de evaluación y acreditación de programas, siendo el Uruguay casi el único país de la región que carece de ella. Tampoco existen mecanismos que impulsen una actualización de competencias profesionales ni un impulso a los posgrados.

El Programa no visualiza los enormes problemas de los estudiantes para egresar y no digamos hacer sus tesis, la ausencia de una mayor diversidad institucional de opciones para la formación superior, la falta de acceso a bibliotecas virtuales y la inexistencia de una oferta de calidad de educación a distancia. La existencia de un sistema por el cual la educación superior selecciona docentes por dinámicas ideológicas y endogámicas con profesores con escasa formación, en un contexto de muy limitado desarrollo de los posgrados con una casi prohibición a la existencia de maestrías y doctorados profesionales y de doctorados privados, le pone la tapa a un sistema de educación superior extremadamente limitado y que si en algún momento fue una referencia en América Latina, hoy languidece entre los peores de la región.

No hay un sistema de recertificación de competencias, los posgrados están limitados y entre los impuestos a la renta y las injusticias del financiamiento al  fondo de solidaridad donde pagan igual con ingresos salariales distintos y distintos costos de la educación, los profesionales universitarios hoy están en un proceso de precarización importante.

De nada de esto nos plantea el Programa del FA. Casi que es como una propuesta para otro país.

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