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Menos educación, menos educación, menos educación

Ricardo J. Lombardo

 

Tal vez alguien me tilde de conservador. Y quizás en este sentido lo sea.
Pertenezco a una generación a la que nos enferman las faltas de ortografía, nos deprime la incapacidad lectora de los demás o nos subleva su imposibilidad de abstracción matemática.

Soy producto de la escuela pública, liceo y preparatorios públicos y me recibí en la UDELAR.

Así que no podría decirse que tuve una formación privilegiada, más que la que podía recibir cualquier niño de clase media que se esmerara.

Y desde el comienzo, las faltas de ortografía fueron el enemigo a atacar, la comprensión lectora la disciplina a alcanzar para entender el mundo y la matemática el instrumento para aprender a razonar.

Por eso los maestros insistían con los dictados y nos hacían repetir las faltas decenas de veces para que nos quedaran grabadas en la memoria. Y nos ponían todos los días ejercicios de aritmética que nos hicieran pensar.

Esa era la educación cuando me formé. Y nuestra generación lo refleja.
Ahora se ha arruinado todo. Y que no le echen la culpa a las nuevas tecnologías, pues estas exigen claridad de expresión, de comprensión y razonamientos aún más refinados. Es imposible una buena comunicación, aunque más no sea en 140 caracteres, si está mal escrita, con una sintaxis errónea y llena de faltas. Y también es imposible aprovechar al máximo las TICs (tecnologías de la información y la comunicación) si uno no tiene la capacidad de abstracción que proporcionan las matemáticas.

Quisiera saber, -y entre nuestros amigos de Facebook existen varios especialistas que nos podrían ilustrar- ¿qué ha pasado? ¿Las metodologías sicopedagógicas han fallado? ¿Es un problema de organización del sistema educativo? ¿Se trata de la influencia nociva de los sindicatos? ¿Los profesores salen mal preparados de los institutos de formación docente?¿Es el resultado del descaecimiento de la sociedad en su conjunto?

Todo bien con el plan Ceibal. A mí, por estar en el momento adecuado en el lugar adecuado, fue a uno de los que primero le tocó impulsar la digitalización en el país y la extensión de las nuevas tecnologías de la comunicación. Pero no alcanza. Hay algo que hemos estado haciendo muy mal desde el punto de vista pedagógico.

Hace algunas semanas un abogado de ASSE fue puesto en evidencia por la Justicia por la impresionante cantidad de faltas de ortografía y errores de sintaxis que tenía su alegato escrito.

Pero no es el único. Uno se asombra cuando profesionales, periodistas, internautas escriben barbaridades que para algunos de nosotros –los de determinadas generaciones- son como un golpe al mentón.

Y no por una exquisitez, sino porque detrás de ellas hay limitantes incalculables a la capacidad de razonar y comunicar.

Estas preguntas que hago, deberían formulárselas las autoridades y responderlas rápidamente, para instrumentar los cambios. Finlandia, que es puesta a menudo como ejemplo en este rubro, ya está dando pasos hacia adelante para corregir las fallas de su sistema. En el Silicon Valley, los gurús de las nuevas tecnologías envían a sus niños a escuelas donde queden libres de tanta informática, o aún más, se la prohíba, para que se les enseñe a razonar más que otra cosa.
Acá deberíamos de una vez por todas resolver este problema. Sin duda, el más grande que tenemos. Y que parece haberse agravado desde que Mujica en su discurso inaugural de 2010 proclamó: “Educación, educación, educación y otra vez educación”.

 

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