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No cambiar los nombres de las calles

Ricardo J. Lombardo

Nada menos que ex Intendente y actual edil frenteamplista, Mariano Arana, está en desacuerdo con la iniciativa del actual jefe comunal montevideano, de cambiarle el nombre a una calle céntrica por el de Mario Benedetti.

Su argumento es por demás compartible. Dice Arana que el propio Benedetti se oponía a que se le modificara el nombre a las calles y mucho menos toleraría que se pusiera el suyo en sustitución de uno ya existente.

Y tienen razón, ambos. Esa costumbre de andar modificando cada tanto el nomenclátor montevideano, debería desterrarse o por lo menos limitarse con gran rigidez.

Las ciudades tienen su personalidad y uno reconoce muchas veces su historia a través de las denominaciones de las calles. El ejido, marcaba los terrenos comunes donde no se podía labrar ni pastar, y se fijaba a la distancia en que alcanzaban los cañonazos desde la ciudadela; los propios, marcaban el límite más externo de los terrenos que pertenecían a su dominio. Así que Ejido y Propios, constituían una característica originaria que debió preservarse, aunque el nombre sustituto de este último sea nada menos que el de don José Batlle y Ordóñez. Y lo digo para que se vea que no estoy haciendo de esto una cuestión política, sino urbanística.

Yo conocí al Montevideo de la calle Yaguarón, Yí, Cuareim, Ibicuy, Paraguay, Rio Negro, Julio Herrera, Río Branco, Convención y Andes, y eso es lo que tengo en mi mente
Cada vez que recibo una dirección con los nombres actuales, los debo convertir a aquellos que tengo registrados en mi memoria inicial, para poder identificarlos correctamente.

Y por más que no desconozco para nada los méritos de Lanza, Quijano, Michelini, Gutiérrez Ruiz o nada menos que Wilson Ferreira Aldunate, creo que las autoridades municipales deberían haberlos homenajeado de otra forma.

Ni que hablar del entrevero que hicieron entre Avenida Centenario, Dámaso Antonio Larrañaga y Luis Alberto de Herrera. Uno se pregunta: ¿con qué necesidad?

Hay cientos de calles sin nombre. Oficial 1 es una dirección indefinida en cualquier rincón el departamento. Y si no se considera suficiente para reconocer los méritos de las diversas personalidades, hay espacios o plazoletas que constantemente se están formando, lugares para erigir monumentos, o nuevas vías que el progreso de la ciudad va abriendo.

Claro, puede parecer más prestigioso el nombre en una calle céntrica. Pero así las ciudades van perdiendo personalidad.

Los japoneses utilizan descripciones que hacen prácticamente inamovibles los nombres de las calles. Por ejemplo: “La calle donde se pone el sol”, “La del viento del verano”, “La de las Camelias”, “La del cerezo”.

Algo parecido hacen en San José de Costa Rica.

Aquí cambiamos todo el tiempo. Si miramos mapas antiguos, u otros más recientes, no reconoceremos muchas de las denominaciones que aparecen en las vías de tránsito. Parece que observáramos otra ciudad, no la Montevideo en que vivimos.

Quizás pronto tengamos que levantarnos cada mañana a revisar si la calle en que tenemos nuestro domicilio mantiene el mismo nombre de siempre.

Tiene razón Arana. El mejor homenaje a Benedetti sería no poner su nombre a calle alguna.

Mucho mejor sería hacerlo con un Museo o Biblioteca innominados aún.

 

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