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Paz y amor

Miguel Manzi

Mis hijos dicen que estoy hecho un viejo agrio, siempre protestando, criticando y maldiciendo por todo lo que veo, leo y oigo acerca de política nacional. Yo digo que tienen razón, ¡y que yo también la tengo! Es verdad, eventualmente puede mirarse la mitad del vaso lleno: Yuval Noah Harari, el metahistoriador de moda, demuestra con profusión de datos y precisión de fuentes que, a escala planetaria, habría motivos para la esperanza: en las últimas décadas hemos controlado a los tres azotes que golpearon a la humanidad desde que merece llamarse así: el hambre, la peste y la guerra. No es que hayan desaparecido, sino que los estragos que provocan son acotados: por primera vez en la historia muere más gente por comer demasiado que por no comer; por primera vez muere más gente de vieja que de enfermedades infecciosas; por primera vez muere más gente por suicidio que asesinada por soldados+terroristas+ delincuentes comunes. Sí, todo lo que quieras, pero en Uruguay tenemos al Frente Amplio.

 

Pesadilla aterradora

 

Tengo para mí que, pese a sí mismo, el Frente Amplio es capaz de ganar por cuarta vez el gobierno nacional. Esta aterradora perspectiva encuentra respaldo en varios órdenes de datos y razonamientos, que he desgranado en tenaces columnas quincenales como esta, a lo largo de todo el año que termina. Esos datos y esos razonamientos me conducen a pensar que, para evitar tan trágico desenlace y cambiar el rumbo de disolución que lleva la nave de la República, debería conformarse una coalición opositora temprana e integral, que aparezca como una alternativa contundente a la coalición oficialista, capaz de ganar primero y de gobernar después.Varios dirigentes de la oposición se han manifestado, con más o menos entusiasmo y convicción, favorables a una coalición para gobernar; pero esos mismos dirigentes entienden inconveniente o innecesaria una coalición temprana e integral, que haga posible comparecer bajo un lema común en las elecciones nacionales. En cambio, proponen sentarse a conversar después de las elecciones internas, y alcanzar acuerdos programáticos en los temas más sensibles. Así, llegaremos a octubre del año próximo con cuatro (serán más, pero a nuestros efectos cuatro) fórmulas monopartidarias opositoras, una de las cuales pasará al balotaje para enfrentar a la fórmula pluripartidaria oficialista. En mis datos y razonamientos, el acuerdo programático al que pueda llegarse un par de meses antes de las elecciones, y el apoyo que puedan darle los derrotados en octubre al que pase a noviembre, no son suficientes para encolumnar a todos los votos opositores en el balotaje, y no conjuran el riesgo terminal de un cuarto gobierno frenteamplista. Digo: creo que la oposición no está haciendo todo lo que está a su alcance para asegurar el tiro del año que viene.

 

Sapos y culebras

 

Con esta sombría perspectiva, no puedo menos que encolerizarme cuando escucho las declaraciones de los altos jerarcas de gobierno, de los apparátchik oficialistas, y ni que decir de sus precandidatos. Cuando recorro Montevideo tapada de mugre, pobreza y marginación. Cuando leo los titulares de los diarios o navego por las redes sociales y veo que campean el delito y los delincuentes. Cuando miro a mi alrededor a tantísimas familias sangrando por la emigración de sus hijos. Cuando veo a hombres y mujeres que buscan un trabajo, cualquier trabajo, y no lo encuentran, y penan cada día por sus familias y por su dignidad. Cuando me acuerdo que siete de cada diez uruguayos (7 de cada 10) no terminan secundaria, y que entonces habrá de pasar una generación (desde el día que empiece el cambio, que no está a la vista)para que se recomponga el tejido social, hoy desgarrado por el embrutecimiento y la ausencia de ideales comunes. Cómo no maldecir. Sí, tienen razón mis hijos, me convertí en un viejo agrio; pero también yo tengo razón.

 

No seas paloma

 

El Frente Amplio se constituyó como herramienta para desplazar del gobierno a los partidos tradicionales, a horcajadas de una región y un mundo entonces bipolar. Su discurso siempre fue de confrontación, de fogoneo y de denuesto. Antes y después de la dictadura, su estrategia fue de acoso implacable a los gobiernos de turno, con particular empeño en marcar diferencias morales, las que separan a los virtuosos de los perversos, esas que son innegociables. Con su inocultable vocación mesiánica y autoritaria, de honda raíz marxista-leninista, esa impostura moral pretende sobrevivir aún hoy, cuando la lista de conductas reñidas con la ética en que incurrieron los más notorios dirigentes frenteamplistas, superó las previsiones del más ácido de sus críticos (y están en el poder, que otro y peor es el cantar cuando el corrupto está en el llano). No tengo ganas, ahora, de repasar toda la lista; apenas menciono que incurrieron en probadas faltas éticas Tabaré Vázquez, José Mujica y Danilo Astori, paradigmáticamente encarnadas en el delfín del triunvirato hegemónico hasta ayer mismo, Raúl Sendic. Todos los cuadros del Poder Ejecutivo, todos quienes hoy ocupan bancas del Frente Amplio en el Parlamento, y naturalmente sus cuatro precandidatos presidenciales, son hijos o entenados de ese mismo trío y de esa misma escuela. A esa gente, ni un vaso de agua; talión puro; rencor y resentimiento; revancha, cuando no venganza.

 

Espíritu navideño

 

Así y todo, en mis intervalos lúcidos advierto que sobre esas bases no se construye convivencia pacífica, sino guerra civil; y yo detesto la guerra y toda forma de violencia, con toda mi alma. De modo que, sin pecar de ingenuos, y sin perjuicio de irritarse y hasta desbocarse alguna vez…, tenemos que contribuir, todos, a bajar el tono de la confrontación, a no incurrir en agravios personales, a no presumir intenciones, a discutir con razones y con respeto. Sin concesiones, sin dar ni pedir tregua, defendiendo las convicciones de cada cual con toda la contundencia que seamos capaces, pero sin perder nunca de vista que no podemos ¡ni queremos! eliminar a un enemigo, sino prevalecer sobre un adversario, en el marco de la competencia democrática. Sí, ya sé: algunos de los adversarios nos tratan como enemigos, en cuanto no comparten el credo liberal, democrático y republicanoy, a tenor de los tiranos que han apoyado y apoyan, serían capaces de cometer alguna que otra atrocidad (como ya lo hicieron en el pasado). Esas son las contradicciones que enseñan los manuales: para ser tal, la democracia (y los demócratas) debe admitir en su seno aún a quienes la combaten. En vísperas del año electoral, pues, lleguen también a ellos mis deseos de paz y amor.

 

 

 

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