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Robert y la máquina de picar carne

Gustavo Toledo

Ya no son uno, ni dos, ni tres, sino muchos los dirigentes del Frente Amplio que hacen tiro al blanco con el candidato vicepresidencial del Partido Colorado, Robert Silva. Y no son uno, ni dos, ni tres, sino muchos los golpes bajos que recibe casi a diario de parte de ministros, senadores, diputados y demás aprendices de brujos del oficialismo. Demasiados como para no ser vistos como lo que son: una estrategia de ataque y destrucción ya no de sus ideas y propuestas, lo que sería lógico y esperable, sino de su persona.

Al igual que otras tantas veces en el pasado, pusieron en marcha la máquina de picar carne. Esa por la que pasaron a infinidad de blancos y colorados y algún que otro díscolo, con la intención de anularlos moralmente. El mecanismo es sencillo. Seleccionan a su presa, una de esas que hacen ruido y representan una amenaza para sus intereses, y empiezan a buscarle basura debajo de su alfombra hasta encontrarle algo, y si no le encuentran nada, les da igual. Arman un “collage” en base a calumnias, insinuaciones y medias verdades, con el que esmerilan su buen nombre y prestigio hasta que éstos queden lo suficientemente sucios como para que la ciudadanía desconfíe de su palabra y buenas intenciones.

De ese modo, con su reputación por el piso, cualquier cosa que diga o haga, va a carecer de valor por el sólo hecho de que lo dice él o ella. Un modo infame de evadir el debate ideológico y de rendir cuentas ante la ciudadanía por un vicepresidente que se vio obligado a renunciar en circunstancias por demás escandalosas, por empresarios “amigos” vinculados a actividades ilícitas y por negocios poco transparentes con gobiernos “afines”.

Así actuaron con Jorge Batlle en su momento, cuando le colgaron el San Benito de la “infidencia”; con Hugo Batalla, acosándolo hasta echarlo de su barrio de toda la vida, La Teja; y hasta con el flaco Atchugarry, al que hicieron víctima de una bajeza imperdonable.

Todos ellos pasaron por la máquina de picar carne, pero sobrevivieron. Su buen nombre se impuso a la ignominia y a la maledicencia, como lo hará el de Robert Silva, un hombre honesto y trabajador que encarna las mejores tradiciones del Batllismo. Un orgullo para nuestro partido y para el país.

En suma, es obvio que en el FA algunos paniaguados están inquietos por el crecimiento del Partido Colorado, al que asocian -con toda razón- a la solidez y probidad de nuestra fórmula presidencial. Por eso salieron a atacar a Ernesto Talvi primero y ahora a su compañero de fórmula.

Aunque despreciables, estas prácticas dan cuenta de su incapacidad para combatir nuestra propuesta de gobierno y a nuestros candidatos en forma civilizada.

Por eso, cada golpe bajo los delata. Y eso, créanme, vale más que cualquier encuesta amañada.

 

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