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Tenemos un mandato: terminar con el neocorporativismo

Ricardo J. Lombardo

Si la sociedad admite pasivamente que cada tanto la capital se inunde de basura porque los servicios deciden detener la recolección por cualquier cosa.

Si los ciudadanos toleran resignados paros sorpresivos del transporte que los obligan a volver del trabajo a pie caminando, 10, 15 y hasta 20 kilómetros de noche rodeados de amenazas de inseguridad.
Si no se equilibran los derechos de cada uno: el derecho de huelga, el derecho al trabajo, el derecho de propiedad, etc.

Si los maestros se sienten con derecho a manipular la cantidad de horas de clase que deben darle a nuestros niños, parando cuando quieren, aún por problemas administrativos internos como la elección de horarios, etc.

Si solamente hablamos de nuestros derechos y nunca de nuestras responsabilidades, las que en el fondo, a menudo, son los derechos de los demás.

Si el estado no nos proporciona la más mínima seguridad.

Si las autoridades del Ministerio del Interior han cambiado la carga de la culpa, y critican a los policías que reprimen el delito más que a los propios delincuentes.

Si las leyes que aplica la Justicia son más garantistas de los malhechores que de quienes se defienden de ellos.

Si la reforma de la salud enuncia que pondría énfasis en la atención primaria, pero la realidad es que las grandes mayorías deben esperar 3 meses para poder ser atendidos por especialistas.
Si el Parlamento aprueba una ley que autoriza al Poder Ejecutivo a pagar cómo y cuando quiera las condenas por demandas en su contra, lo cual significa un indirecta violación de la separación de poderes.

Si las políticas asistenciales se prestan desde el estado sin contrapartida, es decir que se le dice a la gente marginada : “te pago para que sigas así, a mí no me importa si hacés o no el más mínimo esfuerzo por salir de pobre, ni siquiera obligo a que sus hijos vayan a la escuela”.

Si lo político está por encima de lo jurídico.

Si por ser de izquierda ya se considera a priori que no se es corrupto, derribando del principio de igualdad ante la ley.

Si los sectores mayoritarios de la coalición que nos gobierna se hacen los tontos cuando se trata de denunciar las grotescas violaciones a los derechos humanos de Maduro.

Si los mismos son capaces de defender las comprobadas mentiras y enervantes irregulares de Sendic, solamente por ser compañero.

Si todo eso se ha perdido, es decir los valores e ideas inherentes al sistema republicano democrático que emanaron con la nación y que puede resumirse en la frase con que Artigas comenzó el congreso de Abril: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”.

Si el talante republicanista de nuestro Partido Colorado iniciado por Rivera, continuado por Batlle y alentado por Arena, Brum, Luis Batlle, César Batlle, Sanguinetti, Tarigo, Jorge Batlle y tantos otras figuras rutilantes de nuestra colectividad, ha sido superado por este neocorporativismo que vivimos hoy, con una oligarquía político-sindical-empresarial de los amigos de poder que todo parece controlarlo, entonces ha llegado el momento de reaccionar.

Debemos alentar una rebelión republicanista para volver a construir ciudadanía y convencer a los ciudadanos que tienen derechos y que deben hacerlos valer, pues no son la variable residual de los conflictos entre los diversos centros de poder.

Por el contrario, el individuo tiene que ser el principal destinatario de la acción de los gobiernos. Debe ser el primero en la fila, y no el último que venga después que se repartan derechos, beneficios y prebendas los amigos del poder. Tampoco debe quedar mediatizado por las corporaciones que parecen haberse apoderado de su destino.

Los colorados tenemos un mandato. Terminar con este régimen neocorporativista y restablecer la república.

Un mandato que nos viene de la historia, que surge claramente de la realidad de hoy, y que nos proyecta a aceptar los desafíos del futuro.

 

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