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Tratemos de razonar juntos, y bien

Alvaro Diez de Medina

Uruguay hace un esfuerzo importante en destinar recursos públicos y privados a la educación.

En 2005, la suma de éstos era más o menos equivalente a 5% del PBI del país, en tanto en 2015 la cifra ya estaba más cerca del 7% (4.56% del PBI con origen en el presupuesto estatal, 1.7% con origen en recursos privados, 0.45% en exenciones tributarias).

Hoy nos hemos enterado que el 60% de los alumnos secundarios no termina el ciclo obligatorio completo y, en el caso de los más pobres, esa cifra trepa a 80%, mientras que el 66% de todos los egresados, y 80% de los egresados de niveles más pobres, son incapaces de hacer un promedio matemático.

En resumen: el sistema educativo está quebrado, no genera oportunidades de mejoramiento social, y condena a los más vulnerables a una pobreza perpetua.

No se requiere más prueba, creo, de la falta de relación entre el aumento del gasto público y privado con destino a la educación, y la mejora de los resultados, y ello obligaría, de acuerdo a la buena lógica, a repensar todo el modelo educativo uruguayo.

Mientras tanto, sin embargo, hay una conclusión que no veo por ahí, y que aquí propongo: si aumentar el gasto no genera mejores resultados … ¿a santo de qué NO BAJARLO?

Es que seguir arrojando billetes a una hoguera no parece que resolverá el problema de NADIE, en tanto dejar de hacerlo comenzaría a aliviar el problema de TODOS: un estado ineficaz, ineficiente e inefectivo, cuyo costo es intolerable para quienes quieren producir.

Los (pésimos) operadores del sistema educativo deben, en adición a ello, recibir una señal clara: competir por MENOS recursos, y hacerlo YA.

 

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