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Venezuela

Antonio Ladra

El futuro de Venezuela se resume en el colapso del régimen, el triunfo del madurismo o un golpe militar, pero cualquier caso el rol fundamental lo van a jugar las Fuerzas Armadas.

El papel de las Fuerzas Armadas se vio fortalecido tras el intento de golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez el 12 de abril de 2002. En esos días Venezuela vivió en menos de dos días horas dramáticas. En ese lapso tuvo tres presidentes, algo que se puede comparar a lo ocurrido en Argentina tras la caída de Fernando de la Rúa, el 20 de diciembre de 2001.

Y cuando, tras esas 48 horas se regresó a la institucionalidad, en Venezuela apareció como un actor principal el accionar de unas Fuerzas Armadas que fueron las que le dieron en aquel momento un nuevo marco institucional al gobierno de Chávez, y siguieron hasta hoy, más que nunca.

El punto es que no se sabe mucho sobre la interna de esas Fuerzas Armadas, aunque todo indica que están comprometidas con la continuidad del régimen de Maduro como una forma de mantener el estatus conseguido con Chávez. Siendo esto cierto, también es cierto que las Fuerzas Armadas evitarán que una posible caída del régimen las arrastre a ellas. La incógnita es si aceptan convertirse en el brazo represor del gobierno con los costos político y de legitimidad social que ello acarrea.

Por estas razones, según escribió Rogelio Núñez Castellano, para el portal de análisis internacional esglobal, las Fuerzas Armadas podrían decantar el actual choque de trenes entre el madurismo y antimadurismo mediante varias fórmulas que van desde el golpe blando (consistente en dar un ultimátum al actual mandatario que conduzca a su retirada de una forma u otra de la presidencia) o golpe duro, con intervención militar directa para reconducir el proceso.

Ocurra lo que ocurra, Venezuela va a seguir siendo el enfermo de la región, y por cierto que un país colapsado afectaría a todos sus vecinos no solo desde el punto de vista económico sino también social, ya que se transformaría en una plataforma ideal para el crimen organizado, el que, por ejemplo, en el caso del narcotráfico ya copa el Estado madurista.

 

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